lunes, 6 de mayo de 2013

Desesmorado

Y... de seguir viviendo, sólo lo haría para poder soñarte cientos de veces, ése sería mi alimento. Eres un tatuaje plasmado en la corteza de mi cerebro, el cual diseminó y descendió a la cárcel de los recuerdos; en donde la tinta les otorga silueta y los perpetúa, y de donde se escapan todo el tiempo.
Extraño hasta tu aliento más perfectible, asimismo tu aroma mesopotámico actualizado, como también  esa actitud nunca más lejana de ser laica.
¿Alguna vez te percatarás -si es que ya no lo has hecho- de lo mucho que te amé y aún te anhelo?
Vos estás fugaz, y yo estoy casi muerto. Pero no olvides, aún me rehuso a dejar de existir materialmente, ya que al menos todavía me quedas en los sueños y temo que al morirme no pueda ni siquiera tomarte fotos oníricas, escondido detrás del miedo.-

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