lunes, 25 de noviembre de 2013
"Pierrot le fou" - 1965 (Jean-Paul Belmondo, Anna Karina). By Jean-Luc Godard
Filmada en 1965, dirigida por Jean-Luc Godard, producida por Georges de Beauregard y protagonizada por la siempre cautivante y musa de Godard, Anna Karina, junto con el por entonces galán ya reconocido, Jean-Paul Belmondo; "Pierrot le fou" ("Pierrot el loco") es una película que enseña una historia muy peculiar sostenida en una perspectiva diferente de ver la vida, basada en la novela “L'Obsession” de Lionel White.
Ferdinand Griffon (J.P. Belmondo), es un profesor de lengua española que se dedica a la publicidad, que ha sido despedido de su empleo en la televisión, y que está casado con una mujer de clase alta (encarnada por Graziella Galvani); la cual además de rica, es glamorosa y por demás agraciada. Con ella, él tiene dos hijos. Ese matrimonio, tan monótono como desgastado, se sostiene sólo por el interés económico de él dada su situación laboral apremiante. Ferdinand no encaja en esa familia, ni en el entorno de su mujer en general. Más allá de que detesta ir a cortejos de la alta sociedad, fue instado por su mujer para ir a una fiesta con el fin de que conozca gente que lo puede re-insertar en el mundo laboral. Acepta ir a la fiesta, pero a regañadientes, ya que él considera que la gente que ahí estaría presente (por no decir toda la high-class en general) no es más que un racimo de personas carentes de gracia, víctimas agudas del consumismo. Pasado el rato en la reunión, luego de pequeñas discrepancias con algunos miembros, y por sentirse solo y aburrido, decide robarle el auto a su cuñado e irse a su casa.
Ese entorno de personas de alto poder adquisitivo, en cierto modo también es frecuentado por Marianne Renoir (Anna Karina), quien fue amante de Ferdinand años atrás. Marianne fue dejada a cargo de los hijos de los Griffon por la esposa de Ferdinand la noche de la fiesta anteriormente mencionada, por lo que al volver de la misma, Pierrot se topa con ella. Luego de unas palabras entre ambos, él la lleva a su casa, y en el camino Marianne le deja entrever que está inmersa en el tráfico de armas y que está siendo perseguida por gangsters africanos. Ambos siguen enamorados uno del otro. Luego de pasar el resto de la noche juntos, le propone a Ferdinand (al cual no cesa de llamar "Pierrot") a realizar un viaje hacia el mar sin premeditar absolutamente nada, echando todo a la suerte. Ambos escapando de un presente que no los trata bien.
Sobre los protagonistas, puede decirse que son tres, aunque dos son interpretados por Belmondo, tanto "Pierrot" como "Ferdinand". Pierrot: era el poeta, el que sigue los pasos liberales de Marianne (de ahí "el loco"), el enamorado. Ferdinand: el ser racional, analítico, distante y correcto (¿la escritura?). Y Marianne, de quien podemos decir que era la aventura, la acción, lo anárquico, lo seductor (¿la pintura?, ¿la música?).
Luego, antes y durante el viaje hacia el sur en busca del Mar Mediterráneo, se dan lugar varios sucesos criminales casi al estilo road movie, como también diálogos varios, de los cuales las conclusiones -resultado del caracter contemplativo de Ferdinand- son plasmadas día a día en un diario que él llevaba consigo. En esto se ve que siempre escribía, pero nunca nada completo, nada cercano a lo que él apuntaba, mucho menos, logrado.
Ferdinand, un amante de las letras, era un sujeto que debía de explicarlo todo de la manera más elocuente posible, cosa que su compañera de faena detestaba. En otras palabras, él es un snob intelectual cuya complacencia le impide cuestionarse si su inercia creativa calza con la idea de felicidad que tiene su aventurera amante.
Marianne, por el contrario, era intrigante, espontánea, sensible, audaz, perspicaz; por demás de subjetiva y emocional, pero sin renunciar nunca a un temple por demás de calculador como inteligente. Será el accionar pasivo de Ferdinand lo que termine colmando la paciencia de la inquieta Marianne, y provocará que ésta se revele y termine por guiar al protagonista al tan ansiado "autoconocimiento". No en vano ella siempre lo llamó Pierrot, ya que ése es el nombre de la faceta más descontracturada de él.
En conclusión, "Pierrot le fou" casi supuso el fin de todo aquel sueño de nuevos cines que se desarrollaron durante los años cincuenta y sesenta, renovando y rejuveneciendo el cine hasta la fecha, con su bajada a la calle y aligeramiento de las cámaras y decorados junto con su rotura del relato clásico y el acartonamiento del cine teatro de “qualité” realizado en los años anteriores en Francia.
A su vez, muestra que cualquier forma de amor es válida, que hay que romper con los esquemas, salir a buscar lo que uno quiere sin importar las consecuencias; pero por sobre todo, hace hincapié en disfrutar de todo instante, y que aceptar al otro como es. El amor verdadero, no es siempre correspondido del modo que queremos, y eso no lo desprende de su condición.-
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